Los niños fueron al circo Una crónica instantánea

Señoras y señores, entren, entren, que la gran presentación va a comenzar… Entren sin apuro y tomen sus lugares. ¡Hay espacio para todos! En breve se cerrarán las puertas y la comunicación con el exterior se podrá realizar solamente  a través de los celulares. Se admiten “selfis”, fotos en grupo, filmaciones del evento… Todos los aquí presentes seremos parte del espectáculo.

El circo falsamente democrático merece la presentación hecha de él. La pista es comandada por un señor blanco de apariencia seria quien se presenta como capaz de engullir “sapos y lagartos”, apoyado por una hinchada organizada que, aunque fuera de la ley del circo, le da su apoyo y lo flanquea constantemente con exclamaciones de apoyo  o negaciones cuando alguien parece desentonar del coro.

Sus ojos y su voz controlan la organización del espectáculo como si fuesen latigazos bien dados.

Las cadenas de televisión del país se disputan por mostrar las mejores escenas, focalizando el juego de los niños inquietos y sus conversaciones, muchas veces desarticuladas y ruidosas. Un espectáculo único que se podría llamar “La condena de Juana de Arco” o “El valle de las fantasías” y hasta “El incendio del circo”. Los lectores podrán escoger o inventar otros nombres sugerentes para el espectáculo que reveló ser también un lugar único para aparecer en la televisión. No faltarán el “Mi pueblo, yo estoy aquí”. “Madre, su bendición”. “Mi voto va para mis hijos y nietos”. ”Un saludo especial para mi querida esposa”. “Mi voz se levanta para apoyar al compadre fallecido…” Parecía un programa de auditorio donde cada uno, “narciso” de sí mismo quería aparecer y ser visto por el “pueblo de su tierra” a través de la imagen transmitida por la televisión.

El maestro de ceremonia de la pista llevó adelante la presentación con más aliento que el de un famoso animador de televisión. Parecía dueño del espectáculo y probablemente lo era, dada la forma como lo conducía antes y durante la sesión.

Para muchos fue angustiante seguir el curso del espectáculo…

De repente del lado de acá, en mi casa, sonó el teléfono y una amiga de Pernambuco me dice: “¿No te parece que este espectáculo hace pensar en un texto del Evangelio de Marcos?”¿Cuál es?, pregunto. Ella dice: “todo lo que está escondido deberá ser manifestado y todo lo que está en secreto deberá ser descubierto. Si alguien tiene oídos para escuchar oiga y ojos para ver, que vea” (Mc 4,22-23). Lo voy a pensar, le respondí y luego nos despedimos para no perder ninguna escena del circo.

Esa noche casi sin poder dormir, el espectáculo que vi de los niños en el circo venía a mi espíritu  mezclado con las palabras del Evangelio que mi amiga había evocado.

No sé cómo, pero encontré una clave posible de comprensión de lo sucedido esa noche, revelada o inspirada por el texto…

El espectáculo circense, sin duda de mala calidad, puede revelar la incompetencia de los artistas del circo. Todos aficionados en la política y aparentemente incompetentes en sus cargos. Aficionados que no quieren ser aprendices del pueblo que los eligió, de las revelaciones de la historia presente, de los problemas y desafíos instalados al país por el complejo mundo globalizado. Hicieron de la Política, aquella que debería ser la servidora del bien común, común, un picnic de hinchadas organizadas, un desfile de niños envueltos con la bandera nacional que más que de patriotismo escondía su incapacidad de ocupar un lugar público. Triste espectáculo, tristemente proclamado, sino a todo el pueblo que en la comodidad de sus casas o en las pantallas de las ciudades miraba el espectáculo de “ La condena de Juana de Arco”.

Los niños traviesos, salvo algunas excepciones, aunque envueltos en la bandera nacional, estaban desnudos. Desnudos porque estaban mostrando su ignorancia y su incapacidad de entender la complejidad del momento político. Desnudos porque muchos no sabían que hablaban, pero discutían a gritos  revelando la estupidez de la ignorancia humana.

Querían apenas jugar « al jovencito y al bandido » o de « cazadores del lobo que se comiera a la caperucita roja » o a “los que apedrearon a la mujer adúltera”. ¡Triste espectáculo! Niños en contra de una mujer con historia de vida y de política, con aciertos y errores como cualquier persona… ¡Triste espectáculo! Pero un real espectáculo revelador de nuestra desnudez política, tomando aquí la desnudez como un símbolo de la falta de preparación para ejercer una función pública para beneficio de la vida de muchos, sobre todo de los más necesitados. Los niños traviesos de muchas edades ponían caras de consternación como en un juego de hacer muecas, apoyados por la hinchada y que finalmente gritaban su veredicto para condenar o matar a la mujer. Era su momento de gloria, su éxtasis político, su orgasmo de palabras apoyados por la hinchada enloquecida e insumisa… No hubo respeto, apenas chistes  e ironías, acusaciones infundadas, pero inflamadas de odio y crueldad… ¡triste espectáculo circense! Los falsos payasos y acróbatas, los magos y bailarines desconocían el arte del servicio público!

Sí, ahora “lo que estaba escondido se volverá manifiesto”…Pero no sólo está manifiesta la ignorancia de los niños del circo, sino la nuestra. Pues, es contra nosotros que usando el voto, permitimos que los niños hicieran de la política un juego para su beneficio. Somos nosotros los que por nuestro silencio de años, ignorancia, pereza u otras razones permitimos que ellos viviesen su “vida oculta” de no-servicios a la nación como si nadie los viera y ninguno les cobrara el servicio que deberían brindar. Somos nosotros quienes hasta sin querer no levantamos nuestra voz y no prestamos atención a lo que sucede en la pista del circo y con sus funcionarios pagados con nuestro sudor y sangre. ¡Somos nosotros los que estamos desnudos, nosotros quienes incluso olvidamos el nombre de quien le hemos dado nuestro voto! ¡Desnudez que muestra una vez más nuestra ignorancia y alienación política!

Sí, ahora “lo que estaba en secreto está descubierto”…

Queda clara nuestra responsabilidad común en el apedreamiento de la mujer. Queda evidente que permitimos que se acumularan piedras y odios dentro de nosotros. Queda claro que no nos convocamos mutuamente para repensar la vida común ni proponer entre nosotros nuevas “políticas públicas” que comiencen en los pequeños grupos de barrio y que actúen primero localmente.

Y entonces, el espectáculo dominical llegó al final…. Los niños de una de las hinchadas apedrearon a la mujer, aunque muchos hubiesen intentado impedirlo… Sus corazones ya estaban endurecidos con las palabras de orden, con los intereses personales, con algunos ilícitos tesoros escondidos que no han sido revelados. Sus mentes estaban embriagadas por el minuto de fama que buscaban…

Y al final del espectáculo todos regresaron a casa…

Pero algunos perdidos en la noche oscura lloraron cuando tomaron conciencia de las “revelaciones” con respeto de sí mismos. ¿Qué hacer ahora? Es hora de volver a los muchos Jerusalén del país, es hora de volver a encontrar al  pueblo, de rever, conversar, estudiar, pensar, programar, ayudar…

Antes de que sea demasiado tarde, es necesario volver a creer que la vida está ahí, está en nosotros y convocándonos a un hoy y un mañana más atento (…) al corazón común que debe ser oído y sentido por todas y todos nosotra/os. Al final, ¿no somos todas, todos y todo del mismo polvo de estrellas? ¿No somos todas hijas e hijos del mismo barro?

Ivone Gebara

18 de Abril de 2016.

 

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