Rito del solsticio del invierno

Comienzo:

  • Juntémonos alrededor de la fogata, mientras escuchamos música mapuche.
  • Humeamos, creando nuestro espacio y tiempo sagrado.
  • Agua para abrir el tercer ojo
  • Danza de los Inuit

 

Bienvenida e Introducción a esta noche del solsticio

  • La noche más larga del año, la oscuridad ha vencido…..pero justo esta noche el sol, nuestra Madre Estrella, hace su giro y empieza su camino hacia nuestro hemisferio otra vez. (la paradoja: en la noche más oscura del año, el sol empieza su retorno.  En la noche más corta—solsticio del verano—el sol empieza a alejarse de nosotros…)

  • La metáfora de la semilla: en la primavera, nace, en el verano, llega a su plenitud, en el otoño, empieza marchitar, en el invierno se descansa…. El ciclo de la vida, el ciclo de las estaciones….

  • El invierno: tiempo de descanso, de hibernación, de reponer la energía.  Tiempo de dejar ir lo que tiene que soltar.  Tiempo de podar.

  • Gozamos de la oscuridad. Sentimos su inmensa potencialidad (respirar profundamente, en silencio.  Escuchar la oscuridad)

  • Recordamos que es el We-tripantu para los Mapuche y el Intiraimi para los Ayamara—el Año Nuevo para muchos pueblos indígenas.

Es la noche de la ancestralidad.  CONECTARNOS con nuestro linaje, con nuestra intuición colectiva.  (Caminar en circulo, en los pies de nuestros ancestros.)

Sorpresa sin fin

 

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Estabas tú y estaba yo cuando nació el universo hace 15 mil millones de años, en una gran fulguración.  Energía, fuego, luz y calor estallaron en todas las direcciones creando el universo, el tiempo, el espacio.  La materia de todo lo que alguna vez existiría—galaxias, estrellas, planetas, océanos, montañas, árboles, hormigas, elefantes, Buda, Jesús, Teresa de Ávila, Quetzalcóatl, Sor Juana Inés de la Cruz, tú, yo—estaba presente en la energía de esa inimaginable fulguración primordial.

Estabas tú y estaba yo durante los siguientes mil millones de años de noche fecunda cuando los átomos se juntaron para formar hidrógeno y helio.

Estabas tú y estaba yo cuando en un instante de esta noche fecunda, el universo, en un gran estremecimiento, dio a luz a más de 100 mil millones de galaxias—incluyendo la nuestra, la relativamente insignificante Vía Láctea

Estabas tú y estaba yo cuando hace unos 5 mil millones de años, en una esquina de la Vía Láctea, nació nuestra Estrella  Madre, nuestro sol.

Estabas tú y estaba yo cuando la tierra, debido a su posición con relación al sol y a su propia dinámica interna, mezcló dentro de su vientre los minerales, los gases y líquidos a partir de los cuales creóla primera célula orgánica.  Poco a poco, estas células aprendieron a recordar, a juntarse, a adaptarse.  En un gran salto, aprendieron a “comer” la energía del sol.  E inventaron el sexo para reproducirse; y también inventaron la muerte a medida que algunos seres vivientes aprendieron a comerse a otros.

Estabas tú y estaba yo cuando  nacieron una variedad asombrosa de organismos multicelulares: gusanos, corales, insectos, almejas, estrellas de mar, esponjas, arañas, vertebrados, etc.—además de otras especies hoy extinguidas.  Los gusanos aprendieron a culebrear para cazar, mientras otros seres desarrollaron alas.  Algunos inventaron los dientes, mientras otras criaturas inventaron la concha.

Estabas tú y estaba yo cuando las olas del mar fueron dejando algunas plantas enredadas en las rocas y éstas aprendieron a vivir a la orilla del mar; cuando poco a poco, algunas de estas plantas se convirtieron en árboles y fueron capaces de llenar de vida verde los continentes vacíos.

Estabas tú y estaba yo cuando los animales siguieron a las plantas hacia la tierra y en algunos milenios más los continentes fueron habitados por anfibios, reptiles, insectos y dinosaurios.

Y también estabas tú y estaba yo cuando hace unos 67 millones de años, una colisión astronómica cambio la atmósfera de la tierra a tal punto que casi todas las formas de vida animal tuvieron que reinventarse a sí mismas o desaparecer.  Esta destrucción también abrió nuevas posibilidades: las aves y los mamíferos—que no habrían podido desarrollarse en presencia de los dinosaurios—florecieron como el resultado de este supuesto desastre.

Estabas tú y estaba yo cuando los mamíferos hace unos 60 millones de años, empezaron a desarrollar una sensibilidad emocional—una nueva capacidad del sistema nervioso para sentir el universo.  Tanto la belleza como el terror del mundo se incrustaron profundamente en la psique de los mamíferos, incluida la de los humanos.

Estabas tú y estaba yo cuando hace 4 millones de años, nuestros/as ancestros/as se pararon en dos pies; cuando hace 2 millones de años, hemos empezado a usar nuestros manos para moldear la materia de la tierra en herramientas y a controlar el fuego; cuando hace unos 35,000 años, hemos alcanzado un nuevo nivel de conciencia que expresamos festejando con danza y música y realizando ceremonias en torno al paso de las estaciones y a la muerte de nuestros seres queridos.

Estabas tú y estaba yo cuando empezamos a vivir en aldeas.  En este nuevo contexto, pudimos desarrollar la cerámica, el tejido, la arquitectura; pudimos construir templos y hacer ritos a la Gran Madre.

Estabas tú y estaba yo cuando hace 5,000 años, hemos establecido las grandes civilizaciones urbanas como los nuevos centros de poder: Babilonia, París, Roma, Jerusalén, Atenas, Cairo, La Meca, Delhi, Tenochititlán, Cuzco. Estas grandes ciudades se caracterizaron por sus relaciones jerárquicas y por el énfasis en la especialización de los trabajos. La Diosa Madre, más vinculada con la agricultura, fue reemplazada por un Dios Padre que como rey, gobernaba desde el cielo.

Estabas tú y estaba yo cuando durante los siglos 19 y 20, hemos desarrollado el estado-nación con su mística del nacionalismo, el progreso, las libertades democráticas y los derechos individuales a la propiedad privada y al lucro económico; cuando hemos desarrollado tremendos poderes científicos, tecnológicos, económicos hasta que podemos controlar los procesos mismos de la tierra y usarlos para el bien de nuestra especie.

Estabas tú y estaba yo cuando recién en estos últimos años estamos descubriendo que el universo no es un “lugar”, un telón de fondo para nuestro actuar, sino una comunión-en-evolución constante de seres cada vez más complejos.

Estás tú y estoy yo cuando la vida misma nos hace recordar lo que la memoria de nuestros cuerpos siempre han sabido: que nada existe, ni ha existido, ni existirá, por sí mismo, sin todo el resto de lo existente.  Todo es parte de un mismo Misterio.

Acuérdate bien: estabas tú y estaba yo presente en la bola de fuego al principio del universo; después, en las galaxias; luego, en la formación de nuestro planeta, Tierra; más adelante en el culebrear de los gusanos, en el volar de las aves, en las ramas gigantes de las araucarias; y aun más adelante, en ese primer ser humano que se paró en dos pies y usó sus manos para recoger el fuego; después en la tribu recolectando fruta en el bosque; luego en la aldea celebrando los ciclos de la Gran Madre y más adelante en la ciudad dominada por la catedral donde fuimos para rezar al Dios Padre.

Y luego, estarás tú y estaré yo presente en los seres que vendrán después de nosotras/os quienes,  “extenderán la mano y tocarán las estrellas”.[i]  Extendemos las manos a ellos y ellas, bendiciéndoles.

–MJRess

Danza de agradecimiento.  Pachama

Procesamos con el son del kultrún hacia la sala

Adentro de la sala:

Leemos juntas las “Trece cualidades de una mujer madura (o una organización madura) de Jean Shinoda Bolen

Seguimos como tribu, compartiendo….un rico vino navegado, sopapillos, etc….

Cerramos con Cambia, Todo Cambia.”

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