Transformación, por María Eluvia Zuñiga Argueta

Altar símbolo

Y de tanto andar sus caminos Y soñar sus sueños, Aprendí a amar a mi  pueblo maya.   Les cuento la historia: ¿Y, tiene valor para asumir ese trabajo? Fue la pregunta de Yolanda Aguilar, cuando le comenté que estaba contratada para el trabajo de acompañamiento psico-social a 36 mujeres achí, sobrevivientes de tortura, esclavitud sexual y violación sexual durante el Conflicto Armado Interno que dejó lacerado al país sobre todo en las poblaciones mayas. Le comente que, en ese momento  tenía algo de temor pero que el proyecto me atraía profundamente. Como sobreviviente de la guerra, Yolanda admiró mi…

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EQUINOCCIO DE OTOÑO: volando con la imaginación

Aliwen (arbol nativo) Me refugiaré entre los árboles más antiguos y hablaré con la neblina, Su paso visible e invisible tienen la imagen de lo sagrado de mi pueblo. Me refugiaré entre las flores de la montaña, cortaré el lejano sueño y despejaré mi pensamiento con hojas de maqui. ~M. Isabel Lara Millapán, poetisa mapuche Profundizando… Meditación: Volando con la Imaginación Nuestro sentido del “arriba” y el “abajo” es un código cultural ejercitado por millones de años dándonos la idea de que las estrellas, el cielo y Dios están “arriba” y la Tierra está “abajo”. Muchas generaciones de seres humanos…

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Homenaje a Rosa Dominga en Congreso de Teología Feminista en Lima, Perú

Publicado en: http://larepublica.pe/impresa/opinion/796413-teologia-feminista   Escribe: Rocío Silva Santisteban ¿Dios es hombre? La tradición católica nos ha enfatizado esta idea, por eso, su jerarquía patriarcal, su conceptualización androcéntrica, su pecado encarnado en el cuerpo de una mujer. Por eso Eva y no Lilith. Por eso las cruzadas, la Inquisición, el Malleus Maleficarum. Y sin embargo, las mujeres dentro y fuera de las diversas iglesias siguieron pensando en la trascendencia más allá de esta visión enfocada en loar a la masculinidad. Desde el aprendizaje de Hildegarda de Bingen y la inmensidad de la botánica al servicio de la sanación de heridas corporales…

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Noticia 1

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, penosamente delgadas en comparación con el grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto. – ¿Qué me ha ocurrido? No estaba soñando. Su habitación, una habitación normal, aunque muy pequeña, tenía el aspecto habitual. Sobre la mesa había desparramado un muestrario de paños – Samsa era viajante de comercio-, y de la pared colgaba una estampa recientemente recortada de una revista ilustrada y puesta en un marco dorado. La estampa mostraba a una mujer tocada con un gorro de pieles, envuelta en una estola también de pieles, y que, muy erguida, esgrimía un amplio manguito, asimismo de piel, que ocultaba todo su antebrazo. Gregorio miró hacia la ventana; estaba nublado, y sobre el cinc del alféizar repiqueteaban las gotas de lluvia, lo que le hizo sentir una gran melancolía. «Bueno -pensó-; ¿y si siguiese durmiendo un rato y me olvidase de